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El pasado sábado 16 de mayo se celebró una nueva edición del Cultura Urbana, la quinta ya, de este festival organizado por el sello-distribuidora BOA y Planet Events, empresa dedicada a la organización de grandes giras y eventos, integrada dentro del entramado de compañías del grupo PRISA (El País, 40 Principales, Rolling Stone, Cuatro, Canal +…), y capaz tanto de organizar una gira de Shakira o Paulina Rubio, como un evento de Hip Hop.
La propuesta de este año ha buscado equilibrar el peso del cartel entre artistas estatales, más o menos interesantes, y artistas internacionales, algunos de ellos de rentabilidad contrastada en el escenario.
El lugar elegido para la celebración del festival fue el antiguo recinto ferial de la Casa de Campo de Madrid, donde se habilitaron los 4 espacios de los que se componía la oferta de este año. Un lugar que ya se puso a prueba en abril con el festival Klubbers Day, y que un mes justo después, absorbía con éxito la marea humana venida de rincones de toda la península para disfrutar de un solo pero intenso día dedicado al Hip Hop.
En cuanto a las propuestas musicales, la curiosidad que despertaba la presencia del francés Sefyu en el cartel congregó a una nutrida audiencia, que tuvo que soportar estoicamente los repetitivos y cansinos sonidos de arma automática que, el DJ que acompañaba al MC de Aulnay Sous Bois, soltaba continuamente canción tras canción, y que incluso conseguía emborronar las rimas de calidad de Sefyu.
Hablando en Plata Squad pusieron firme al personal con su arrollador sonido en directo, dieron buena cuenta de ese nuevo doble CD que han estrenado este año, y pusieron puños y manos del público en alto en numerosas ocasiones. Sería injusto no citar el trabajo a los mandos de la mesa de sonido de Big Hozone, punto clave para que los malagueños suenen tan potentes y demoledores sobre las tablas.
Una de las incógnitas del cartel era el estadounidense Xzibit, dado últimamente más a los medios televisivos y cinematográficos que a la música. Y quizás por ello sorprendió al público con una actuación rebosante de energía, donde repasó la mayoría de todos los hits de su trayectoria (lagrimilla asegurada cuando interpretó “Paparazzi”), acompañado de un eficiente DJ Fingaz, que aportó scratches en los momentos adecuados.
Otro que también coquetea con el cine es Common, pero el directo de éste es uno de los valores seguros en la escena USA actual, y acompañado por una numerosa banda, desgranó temas de sus últimos discos y algún que otro pepino de los 90. Presencia en el escenario con actitud de estrella del rock, vistiendo vaqueros ajustados y haciendo kilómetros por el escenario, Common se metió al público en el bolsillo, aunque su show no fue uno de los más multitudinarios. Es una muy buena idea suavizar con instrumentos reales aquellas producciones que, escuchadas en disco, pueden generar opiniones encontradas.
La vorágine del festival ya no había quien la parase cuando salió a escena DJ QBert, quien tras solventar variados problemas técnicos, ofreció lo mejor que puede dar al público: una sesión imparable de scratches vertiginosos que ponían de punta a las 2 de la madrugada los pelos del público, a esas horas ebrio de rap y otras sustancias no legales.
Como en todos los eventos con varios escenarios funcionando a la vez, en Cultura Urbana hubo que seleccionar muy bien qué ver y qué no, y a pesar del pedo, estar atentos a los posibles retrasos y cambios de programación. Dicen por ahí que Dizzee Rascal aburrió a las piedras, que Nach congregó al mayor número de público en todo el festival a pesar de su discurso palizas, que Tote King salió a escena con “sombrero de ala ancha de medio lao...”, que a DJ Craze se le escapó alguna de reggaeton, que Hermanos Herméticos no sacaron al final la plancha, y que Mucho Muchacho a pesar de ir como DJ, volvió a cantar las mismas y repetitivas canciones de siempre; pero yo no estuve ahí para comprobarlo. Quien más quien menos, todo el mundo se perdió varias actuaciones.
Eso sí, los precios un auténtico robo: dentro del recinto solo podías comerte una porción de pizza transgénica plastificada de una conocida marca de pizzas a domicilio, al módico precio de 4 €uros; en cuanto a bebida, 8 €uros por un litro de zumo de cebada o 20 €uros por uno de licor con burbujas. No es de extrañar que la gente planease acciones de comando para asaltar barras en busca de líquido, aunque al menos el agua de los lavabos no estaba cortada.
En resumen, un festival diseñado para complacer a un amplio y colorido espectro de público, donde ningún artista causó baja (en eso vamos mejorando), y con un precio de entrada ajustado, aunque en absoluto barato (36 €uros).
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